Video porno

TEODARDO

Inocencio había nacido en cuna de oro. Sus antepasados habían sido los dueños de las empresas más prósperas del país. Todo apuntaba a favor del heredero del éxito. Se graduó con honores en una prestigiosa universidad nacional e hizo posgrado en Harvard. Al finalizar sus estudios se fue a Europa a pasear.

En Zurich, luego de cenar en un pequeño restaurante, se fue caminado hasta el hotel. En una callecita lo abordó el director de una empresa cinematográfica y le dijo: "Estamos filmando una escena para un video, el protagonista se enfermó y necesitamos un sustituto. Usted es el hombre ideal: la misma estatura, espaldas anchas, el mismo color de cabello y de piel... Le ofrezco 500 dólares por cinco minutos de su tiempo. La escena será muy corta y sencilla. Nada de diálogos. Sólo tiene que entrar a esa floristería, comprar un ramillete de rosas y salir del establecimiento mirando a la cámara, de frente. ¿Está de acuerdo?". Inocencio, que se había tomado algunas copas de más, aceptó gustoso. Pensó: "Esto es un golpe de suerte. A lo mejor me convierto en el Eastwood venezolano". Después de la filmación, el director lo felicitó por tan impecable actuación y le pagó la suma acordada.

Nunca imaginó Inocencio que aquella inocente escena sería utilizada por el director sueco en un video pornográfico. En efecto, miles de copias del video mostraban a Inocencio saliendo de la floristería. La escena siguiente: un ramillete de rosas en la mesa de noche de una despampanante rubia que tocaba una viola da gamba entre las piernas, al tiempo que lo invitaba a la cama. Las otras escenas no se pueden contar...

El escándalo en Venezuela fue de palco. Todos los que conocían a Inocencio no podían creer lo que decían las agencias de noticias del mundo entero: "Ejecutivo venezolano en video porno..."

Publicado en EL NACIONAL, el 24-12-93, pág. A-5