Vanitas vanitatum

TEODARDO

Sintió un dolor terrible cuando el alfiler de acero inoxidable atravesó su delicado abdomen. Sufrió sobremanera cuando la clavaron en un pedazo de corcho. Lloró de rabia cuando la colocaron en una de las vitrinas del museo, para ser exhibida, igual que una momia egipcia. Pero el vacío de la soledad, en las noches interminables, rodeada de insectos que conservaban la apariencia de estar vivos, fue lo que le produjo el mayor desengaño.

Le cambiaron su nombre de pila por uno en latín. Su hallazgo fue reseñado en acreditadas revistas especializadas. Su foto, a todo color, fue mostrada en la televisión europea. Los periódicos del mundo entero publicaron, en las páginas dedicadas a la ciencia, enjundiosos trabajos de entomólogos célebres. ¡Era famosa! Sin embargo, toda había sido en vano: había perdido su libertad y jamás volvería a posarse sobre una flor...

Publicado en EL NACIONAL, el 07-04-90, pág. A-6