Tucusito

TEODARDO

El niño se arrodilló frente a la imagen de San Francisco que tenía en su mesa de noche, juntó sus manos y se puso a rezar: "Buen Dios, que quieres mucho a los niños, no me puedo dormir sin pedirte perdón por lo que hice hoy. Como tú eres mi papá, te voy a contar lo que me pasó esta tarde: fui con unos amigos al río a cazar pájaros. Cuando estaba cerquita de una mata de cachupina, se acercó un tucusito a chupar una flor. Tú sabes que a ellos les gusta mucho la miel de las flores. Es bien sabrosa. Mientras el pajarito estaba comiendo, yo agarré mi china y le pegué una pedrada en la cabeza. Murió enseguida. Lloré mucho cuando lo tuve en manos. Era muy lindo. Parecía dormido. Pero estaba muerto. El no me estaba haciendo nada y yo lo maté. Te pido perdón por este crimen. Te prometo que nunca más lo volveré a hacer. Ya rompí la china. Más nunca iré a cazar pájaros. Eso es malo. Ah, me olvidaba decirte que ya enterré el tucusito en el jardín de la casa, y le pedí perdón. ¿Tú me perdonas?"...

Publicado en EL NACIONAL, el 30-10-91, pág. A-5