Truco
TEODARDO
Después de disfrutar de un sabroso tarcarí, clavaron una mesa en la arena, frente al mar, arrimaron unas gaveras de refrescos y se pusieron a jugar. Inmediatamente comenzaron a vociferar:Cuando Goyo, con arrogancia, mostró su espadilla, los mirones pensaron que ya tenía la victoria asegurada. Juancho no se inmutó y dando un golpe a la mesa enseño su perica de oros. Le había ganado la partida en una sola mano.
Así es el juego de naipes con que se divierten los orientales, generalmente aderezado con palabrotas del más alto calibre y los gritos de los roncadores que cuando se ven perdidos recurren a todo tipo de artimañas para impresionar o tratar de confundir al contendor.
Una persona que ignore esta peculiaridad de este juego de cartas y se acerque a una partida de truco, al oír las groserías que se dicen los jugadores podría pensar que éstos están a punto de caerse a trompadas. De ninguna manera. Ellos seguramente son amigos entrañables, compañeros de trabajo o compadres de sacramento, que se aprecian y respetan mutuamente. Así es el truco.
Publicado en EL NACIONAL, el 25-09-92, pág. A-5