San Pedro se disponía a revisar la lista de los
próximos residentes del Cielo, cuando observó, estupefacto, una larga cola de personas
desnudas.
- ¿Qué significa esto? preguntó a San Miguel Arcángel.
- Pedro, son los condenados al fuego eterno.
- ¿Pero tantos?, ¿qué han hecho para merecer el Averno?.. ¿en qué estamos fallando?
San Miguel apretó varias teclas de su computador personal. En la
pantalla apareció una lista de pecados: envidia, avaricia, odio, lujuria...
- ¡Hay que hacer algo, Miguel!. No es posible que el Diablo nos esté ganando la pelea.
¡Hay que hacer algo!.
San Pedro estuvo toda la noche en vela, buscando una solución al
problema de la enorme afluencia de hombres y mujeres al infierno, y los pocos santos que
tenía anotados en su pequeña libreta de bolsillo. Finalmente, al amanecer se le prendió
el bombillo, se puso sus sandalias de pescador, y se dirigió al trono de Dios.
- ¿Que te pasa Pedro? Te ves cansado ¿No dormiste bien?
- Señor, tú me vas a perdonar, pero creo que te equivocaste al crear la raza humana.
- Si, mi Señor, al crear el planeta Tierra, te equivocaste y la pelea entre el bien y el
mal la está ganando el Maligno. Mientras el Diablo ha tenido que ampliar sus
instalaciones para albergar a un número creciente de inquilinos, nosotros, en cambio,
recibimos un bienaventurado, una vez por cuaresma...
- ¿Tienes alguna idea para evitar esa desproporción?
- Con el debido respeto que debo a mi Maestro, deseo sugerirte que cuando vayas a crear
otro mundo, lo hagas de tal manera que sus pobladores puedan vivir en paz y merecer el
Cielo sin tanta dificultad.
- Vamos al grano, ¿cuál es tu idea?
- Muy fácil, Señor, en la próxima creación, elimina el sexo, la riqueza y el poder.