Pesadilla
TEODARDO
Al verse frente a Dios, se dio cuenta que había saltado la talanquera de la vida, y que el arsénico que había ingerido, voluntariamente, había paralizado su corazón para siempre. Entre él y el Ser Supremo sólo se interponía la conciencia de los remordimientos.
Sin saber lo que hacía, guiado por la intuición, entró a una pequeña sala tenebrosa y silente. Súbitamente se cerró la puerta, bajó del techo una enorme pantalla y una voz de ultratumba pronunció estas palabras: "Tú serás tu propio juez. Ahora verás la videocinta de tu vida; desde que estabas en el vientre de tu madre, hasta que tomaste la dosis deletérea. Luego decidirás, honestamente, si mereces pasar la eternidad junto a los santos o en compañía de Satanás".
Después de ver la videocinta se dirigió al "Salón de las Llamas", en cuya puerta pudo leer la frase que escribiera Dante en el Canto III del "Infierno", que tanto deleitaba a Lucifer: "Lasciate ogne speranza, voi chintrate".
Publicado en EL NACIONAL, el 27-06-91, pág. A-5