La risa de la loca
TEODARDO
Cuando la vi reír, me hice esta reflexión: ¿cómo podía reír una persona que vestía andrajos, tenía meses sin bañarse, cargaba un saco lleno de latas vacías y era más pobre que San Francisco? Todo un enigma inescrutable. Como no tenía manera de saber la razón de su risa, tuve que preguntárselo a ella misma, y, para mi sorpresa, esto me contestó: "Yo tengo un gran tesoro guardado aquí en mi pecho y un silo gigantesco abarrotado de granos de arroz, mazorcas de maíz y espigas de trigo. ¡Ja, ja, ja, ja! Vamos a comprar el mundo, si aún lo quieren vender. Y cuando lo tengamos, buscaremos una enorme segadora, y cortaremos todas las malas yerbas que sofocan las flores que brotan libres en el campo. ¡Ja, ja, ja, ja! Vamos a sembrar virtudes. Tú sabes, esas que los chamitos guardan en sus bolsillos, juntos con las metras y los pedacitos de arepa que usan para dar de comer a los pericos. ¡Ja, ja, ja, ja! Cuando todo esté cultivado, y las virtudes comiencen a dar frutos, veremos creer por todas partes granos de alegría, mazorcas de paz y espigas de amor. Después de la cosecha, cuando el mundo haya cambiado, me acostaré en el suelo sobre la tierra fresca, para seguir riendo y nunca más llorar. ¡Ja, ja, ja, ja!"...
Publicado en EL NACIONAL, el 06-07-91, pág. A-5