La fe de Alito
TEODARDO
A pesar de haber visto crecer tanta yerba mala a su alrededor, Alito sigue creyendo en el hombre y en su búsqueda constante por la perfección. En sus adentros el viejo campesino piensa que el bien hay que sembrarlo para que eche raíces, se desarrolle y dé frutos. Igual que una semilla.
Lo bautizaron Alejandro Luis Ignacio Tomás Onofre. Sin embargo, todos le llaman cariñosamente Alito. Es alto como un apamate, fuerte como un roble, bello como un araguaney. Tiene un torrente de bondad del tamaño del Orinoco crecido. Adora los animales, los cuales cura con pócimas preparadas por él mismo con hojas de albahaca, pencas de sábila, raíces de ruibarbo o flores de girasol. La gente dice que lo que sana a los irracionales no son los menjurjes que los animales se tragan a regañadientes sino la fe del anciano.
Publicado en EL NACIONAL, el 01-11-88, pág. A-4