La cotorra feliz

TEODARDO

Irene es una preciosa cotorra que desde hace unos años Pablo cuida con esmero. Por las mañanas, a golpe de seis, Irene vuela hasta la ventana del cuarto de su dueño y le grita: "¡A levantarse, flojo! ¡A levantarse, flojo!".

Un día, un amigo de Pablo le aconsejó: "Si consigues un loro de raza tendrías una buena cría, además, Irene necesita compañía".

Pablo fue a una de las mejores tiendas de venta de aves. Escogió un hermoso loro que, según el vendedor, "estaba listo para satisfacer a la cotorra más exigente". Pagó bien caro por él. Fue a su casa con el "semental" y lo puso al lado de Irene.

Pasaron los días, y el loro nada. Bueno -se dijo Pablo-, habrá que darle tiempo, al fin y al cabo, las aves, contrario a los humanos, necesitan tiempo con su pareja antes del apareamiento. Finalmente, cansado de esperar que el bendito loro manifestara su virilidad, decidió llevarlo al veterinario. Después de examinar al pájaro, el médico le dijo: "Lamento comunicarle que este loro es pato". Sin pensarlo dos veces, Pablo se fue a la venta de aves y lo cambió por otro loro que parecía más dispuesto a las aventuras amorosas. Fue a su casa y, al dejarlo al lado de Irene, ésta se puso muy contenta y empezó a cantar.

Al día siguiente, a la hora acostumbrada, la cotorra voló hasta la ventana de su amo y con voz melodiosa lo despertó cantando:

"Buenos días, mi amor. Buenos días, mi amor"...

Publicado en EL NACIONAL, el 16-11-93, pág. A-5