La costilla del hombre
TEODARDO
Bertrand Russell dijo una vez que a lo mejor el mundo había sido hecho por el diablo en un momento en que Dios estaba distraído. No estoy de acuerdo. Me parece más verosímil lo que leí en el Génesis. Creo que el mundo es obra de Dios. Lo que no aclara el libro sagrado, quizás por omisión involuntaria de Moisés o por mala traducción del hebreo, es el estado anímico en que se encontraba el Ser Supremo cuando creó el primer hombre. En mi opinión, en ese momento Dios estaba ebrio.
En el Edén, es mi parecer, las cosas sucedieron más o menos así: Después de haber creado Cielos y Tierra el Creador quedó extasiado al contemplar la obra maravillosa que había realizado. Fue tal su dicha, que quiso compartirla con un ser semejante a él. Lo primero que se le ocurre es inventar el vino y tomar varias copas para celebrar tan magno acontecimiento. Luego agarra un poco de arcilla, moldea un muñeco y con su aliento etílico le da vida a nuestro primer padre.
Cuando Adán se percata que Dios está bebiendo, se le acerca y comienza a libar de la misma botella del Creador. Una hora más tarde, estando bastante paloteado, y habiendo observado el apareamiento de los animales, entra en confianza con Yahvé y le dice: "Señor, mira cómo se quieren las bestias, no es justo que yo esté solo. En pareja se vive mejor". Así es, hijo mío -le contestó Yahvé-, tendrás una compañera a quien amarás como a ti mismo, porque ella será carne de tu carne. Fue así, como mientras Adán dormía su primera rasca, Dios le sacó una costilla y creó la primera mujer.
Publicado en EL NACIONAL, el 04-07-88, pág. A-4