Escasez de sal

TEODARDO

Escasea la de color blanco, cristalina, crepitante en el fuego. Que se disuelve en el caldo para darle sabor. Que puede adquirirse en los automercados, bodegas y taguaras, a precios accesibles a todos los bolsillos. Que abunda en Araya y se usa para conservar pescados y cecinas.

Escasea también la otra. La que trajo el maestro y repartió con generosidad entre los doce. Esa sal se aguó. Ya no sala nada. Perdió su sabor. Fue arrojada al suelo y pisoteada por la gente. Sal de vida que ha debido servir para salar el alma humana y evitar su descomposición.

Hay que rogar a Dios para que nos devuelva las ganas de salar la tierra.

Publicado en EL NACIONAL, el 13-10-88, pág. A-4