El origen de la maldad

TEODARDO

El abuelo tenía la habilidad de imaginar fábulas y leyendas a su antojo. De esa manera satisfacía la curiosidad de su nieto, quien había heredado, también, la facultad de inventar fantasías.

Cuando un día el niño le preguntó por qué en el mundo había tanta maldad, el viejo le contestó de esta manera:

"En el mundo, desgraciadamente, hay más ángeles malos que buenos. La razón de esta desproporción es obvia: los ángeles caídos, es decir, los demonios, son lujuriosos y hacen el odio todas las noches. Cuando se aparean diablos y diablas, a las siete semanas paren diablitos que, a su vez, se reproducen como acures. El problema está en que los serafines y querubines que están en el cielo, no tienen sexo y, por supuesto, no pueden hacer el amor. Por el contrario, los ángeles malditos, los descendientes de Lucifer, se la pasan en bonches satánicos, engendrando monstruos malignos que luego se introducen en el alma humana para pervertirla".

El nieto se quedó pensativo. La respuesta del abuelo había satisfecho su infantil curiosidad. Sin embargo, al poco rato le preguntó por qué Dios no les daba sexo a los ángeles buenos, para que unieran sus alas y propagaran por todo el mundo la bondad.

Publicado en EL NACIONAL, el 26-07-92, pág. A-5