La vieja María jamás aprendió a leer, y en su vida oyó hablar de
Freud, pero tenía la habilidad de interpretar los sueños de los demás. Un sábado en la
tarde llegó a su rancho una mujer de cierta edad, en un Mercedes Benz con chofer
uniformado.
- Fue algo terrible, señora María: estaba en mi cuarto hojeando una revista y, de
repente, entró en mi habitación un hombre de su color, bien parecido, con un gancho en
la mano derecha...
- ¿Estaba desnudo el negro?
- ¡Nooooo! Vestía un elegante traje Christian Dior, una bella camisa de seda, una
corbata Valentino y unos zapatos suizos...
- Bueno, el tipo se me acercó, me agarró por la cintura, y me dio un beso en la nuca.
¡Imagínese usted, un desconocido atreverse a besarme, yo que nunca he tenido un romance
con nadie, mucho menos con un hombre moreno! Dígame, por favor, ¿qué significa eso?
- Muy fácil mija; tus aspiraciones son propias de las mujeres de tu clase social: casarte
con un hombre buenmozo, de la jai, poseer fortuna, mucho lujo, mucha prosopopeya, tú
sabes, pero en lo más profundo de tus sensaciones, donde está el cosquilleo de la carne,
lo que te provoca es...
- ¡¡¡Doña María!!!......¡ ¿y el gancho en la mano derecha?
- ¡Aaaay mi amor! Ese es el símbolo de la negritud: una forma de atrapar a las mujeres
blancas, como tú, para colmar sus sueños.