El consejo de Ramona
TEODARDO
Las mejores empanadas de Carúpano eran las que hacía Ramona. La masa era suave y sabroso el relleno de cazón guisado, con su toque de ají dulce, tan típico de la cocina oriental. Cada una costaba una locha. Esa moneda, por supuesto, ya desapareció de la circulación. Hoy en día nada puede comprarse con doce céntimos y medio de bolívar. Las pocas piezas que quedan las conservan los aficionados a la numismática. Eran otros tiempos. Entonces, los viejos guardaban sus ahorros en colchones, botijuelas y alforjas. Los niños lo hacían en alcancías de barro cocido con formas de animales o tinajas.
Recuerdo el caldero negro, curado por el uso, donde Ramona freía sus ricas empanadas en manteca de cochino. Era su utensilio de trabajo. Con mucho sacrificio Ramona ahorró suficiente dinero para levantar a sus seis hijos. Los mandó a estudiar a Caracas. Todos ellos aprendieron de su madre a valorar el trabajo y el ahorro. Una de sus lecciones que repetía con frecuencia, era "el que guarda siempre tiene". Sin duda un buen consejo.
Publicado en EL NACIONAL, el 09-01-89, pág. A-4