Demasiadas "disturbancias"
TEODARDO
Aunque el vocablo no aparece en el diccionario de la Real Academia Española, mi compadre Abdénago, que inventa palabras cada vez que se echa unos copetines, piensa que debe ser aceptado por los académicos de nuestra lengua. Su razonamiento, quizás un poco traído por los cabellos, es sencillo: si disturbar - que sí figura en el DRAE - significa causar disturbios, disturbancia debería ser sinónimo de desconcierto o desorientación.El otro día, conversando con mi compadre sobre la sinvergüencería reinante y la crisis de todo tipo que atraviesa el país, me decía que ésta se debe "a las disturbancias de algunos políticos profesionales, que en lugar de simbiotizar esfuerzos para propiciar un clima de confianza, lo que hacen es encaratarlo todo con el único propósito de trampolinar posiciones que les permitan enriquecerse ilícitamente". Cuando nos despedimos me dijo con voz solemne: "Lo que hay que hacer en este país es operacionalizar un programa mínimo de consenso entre todos los venezolanos de buena voluntad para rescatar los valores éticos que están por el suelo".
Independientemente del léxico que utiliza Abdénago, creo que sus planteamientos - mutatis mutandis - son en el fondo muy parecidos a los que hizo el Consejo Consultivo de la Presidencia de la República en su informe del año pasado. Sin embargo, tampoco a los notables les hicieron mucho caso.
Publicado en EL NACIONAL, el 12-02-93, pág. A-5