¿Cachilapiar o convencer?
TEODARDO
Rómulo Gallegos, en su novela Doña Barbara, al referirse a la pasión favorita del llanero apureño, define el verbo cachilapiar de la siguiente manera: "cazar a lazo el ganado no herrado, que se encuentra dentro de los términos del hato".
En Venezuela todavía quedan políticos que consideran el territorio nacional como su hato y están preparando sus lazos para amarrar los votos de los independientes. Para esos políticos la campaña electoral no es otra cosa que un cachilapeo de los votos de los que no están carnetizados.
A lo mejor eso habría sido posible en otros tiempos, cuando el maestro Gallegos escribió su obra literaria más famosa. Pero, después de treinta años de democracia hay muy pocos votantes "cogidos a lazo". Ahora hay más madurez política. La gente tiene más conciencia del valor de su voto. Los electores, en general, saben que la única vía democrática que tienen para que las cosas sigan igual que ahora, o para cambiarlas, es mediante el sufragio. Ahora los partidos políticos tienen que persuadir a los electores independientes de que su candidato a la Presidencia de la República es el mejor de todos. Porque de eso se trata, de elegir el mejor (o el menos malo) de los compatriotas que aspiran a ejercer la primera magistratura.
No somos ganados que nos llevan obligados a las urnas electorales. Los políticos tendrán que dejar sus lazos y usar la inteligencia para explicarle al electorado qué van a hacer con el poder si ganan las elecciones. Tendrán que demostrar que sus promesas son razonablemente realizables. Esa es la forma de convencer a un elector inteligente.
Publicado en EL NACIONAL, el 15-12-87, pág. A-6