¡Abuelo, saqué 20!

TEODARDO

En su primer día de clases, Ricardo le había prometido a su abuelo que sería el mejor estudiante de su escuela. El nieto, que había heredado muchas cualidades de sus padres, es un muchacho estudioso e inteligente, le gusta leer, ir a la playa, volar papagayos y pasear en la parrilla de la moto de su tío Alejandro.

Pasaron los meses, hasta que llegó el día de entrega de boletas con las calificaciones del año. El abuelo despertó muy temprano, como de costumbre, tomó una taza de café negro, encendió un cigarrillo y se puso a leer El Nacional. Disfrutó en la página A-5 de una crónica sobre las cosas más valiosas de la vida: esas que se atesoran en el corazón.

Al mediodía escuchó que se acercaba el autobús del colegio donde estudia el nieto. Rápidamente fue a la puerta a esperar a Ricardo. Al bajarse del transporte escolar, el muchacho salió corriendo a abrazar al viejo, agitando en una mano la boleta, al tiempo que gritaba eufórico: "¡Abuelo, saqué 20!".

Grande fue la alegría. En la tarde los dos se fueron a comer helados y en la noche toda la familia celebró el primer 20 de Ricardo.

Mientras trataba de conciliar el sueño, el abuelo pensó en una frase que García Márquez pone en boca del coronel que no tenía quien le escribiera: "La vida es la cosa mejor que se ha inventado"...

Publicado en EL NACIONAL, el 29-10-93, pág. A-5